lunes 20 de octubre de 2008

La historia de Andrea

Pues te puedo contar la historia de Andrea. Hasta entonces, hace un año, yo no conocía ninguna Andrea. Si alguien hablaba de alguna Andrea. a mí me venía a la cabeza una joven respetuosa, un poco tímida y no muy inteligente. No sé porque. Supongo que nunca paras reparo en las sensaciones que te transmiten las cosas, en las generalizaciones que decides sobre cosas tan concretas, hasta que realmente alguien te recuerda que te habías equivocado. A mí quien me lo recordó fue Mariano. Después de esa larga conversación que tuvimos el año pasado (mi vida ya no es la misma), la Andrea que había en mi cabeza desapareció para siempre para ser substituida por una anciana vestida de negro, capucha gallega y calcetines marrones hasta las rodillas; pasos pequeños, ronroneando con el suelo en un cortejo lento. Rrrrrrras, rrrrrrrras. Pausa. Rrrrrrrras, rrrrrrrras. Pausa. En realidad, la historia de Andrea no sólo me conmocionó a mí, si no también a Mariano. Por eso me la contó, porque pensó que si la compartía con alguien conseguiría coger de nuevo las riendas de su vida. Sacarlo todo, me dijo. Quiero sacarlo todo porque es demasiado. Amigo mío, me repetía, necesito saber que estás preparado para escucharla. Yo no me resistí, no porque fuera un héroe, aunque aprecio a Mariano también se que no soy lo suficientemente valiente como para reponerme a una historia como esta. Pero en ese momento no lo sabía. Y Mariano empezó su relato.

Hace un año que vivo con esto, amigo mío. Y hasta hoy no he tenido fuerzas para contarlo. En realidad perdóname si ves en mí a un individuo que flaquea en cada frase, pero ya te avanzo que no podré evitarlo. Tengo que sacarlo todo y me asusta que con ello te condene a tu también a este tormento. Pero creo que si somos dos, si somos dos los que llevamos la carga... ya sabes lo que dicen, será menos pesada. 

Hace un año, como sabes, tuve que viajar al centro de Castilla por trabajo. Se estaba haciendo un nuevo museo en un pueblo remoto. Pero no te pienses que era una cosita pequeña, que va, era un proyecto bastante grande, un centro de interpretación del territorio y de recuperación de la memoria del lugar. La verdad, no se de donde habían sacado la pasta para llevarlo a cabo, pero allí estábamos nosotros, con todo el equipo de diseño, montadores e instaladores preparados para hacer un gran museo. El equipo de contenidos se había quedado en Barcelona, como es  normal, pero se habían olvidado de algunas cosillas importantes, como localizar parte de las herramientas e instrumental que se utilizaba antiguamente para los diversos oficios del pueblo. Se supone que soy un director de proyectos y montaje, pero ya sabes que no me cuesta arrimar el hombro. Así que empecé a preguntar en el Ayuntamiento quién podía ayudarme a localizar todas esas piezas para hacer las peticiones, etcétera. Des del principio ya me di cuenta que en ese pueblo las cosas no eran muy normales, pero lo atribuí a mi modus vivendi urbanita, ya sabes, si no encontramos diez bares y tres supermercados en una misma calle nos sentimos desamparados, y necesitamos que todo se resuelva "ahora". Con esto quiero decirte, que cuando fui al Ayuntamiento y pedí esa información, la respuesta ya me dejó estupefacto. Pregunta por Andrés, pero grita un poco que es sordo. Ya. ¿Y dónde está Andrés? Detrás de casa la María, más allá del Campano. Ya. Me empezaba a sentir un poco idiota, así que puse cara de haberle entendido, porque pensé que Campano, era una forma "rupestre" de decir Campanario. No me mires así, ya sabes que nunca he conseguido mantener una planta viva, yo soy de asfalto... como iba a saber que el Campano era un árbol. Y más, cómo iba a saber qué árbol era. 
(en procés de construcció)